Mientras la inteligencia artificial empieza a transformar numerosos trabajos de oficina, algunos oficios técnicos están adquiriendo un protagonismo creciente. Electricistas, fontaneros y profesionales de climatización y refrigeración aparecen entre los perfiles cuya actividad resulta más difícil de automatizar y cuya demanda está aumentando por la electrificación, la digitalización y la falta de relevo generacional.

Así lo destacan informaciones publicadas recientemente por Merca2 y El Mundo, que ponen el foco en una paradoja de la nueva economía: cuanto más digital es el mundo, más necesarios siguen siendo los profesionales capaces de intervenir físicamente sobre sus infraestructuras. Merca2 señala, además, que los fondos de inversión han adquirido cerca de 800 empresas de electricidad, fontanería y climatización en Estados Unidos desde 2022, en un contexto marcado por la escasez de profesionales cualificados y la fragmentación empresarial.

La situación tiene una explicación sencilla. Una inteligencia artificial puede ayudar a diseñar una instalación, analizar datos de consumo o detectar determinadas anomalías, pero una fuga de agua, un cuadro eléctrico, una bomba de calor o una avería necesitan, al menos por ahora, una persona que se desplace, diagnostique el problema y actúe físicamente sobre el sistema.

 

La propia IA necesita electricistas

La paradoja llega aún más lejos. La expansión de la inteligencia artificial requiere enormes centros de datos, y estos necesitan electricidad, refrigeración, climatización, sistemas de seguridad y mantenimiento especializado.

Por ello, el crecimiento de la economía digital no significa necesariamente menos trabajo para las instalaciones. En determinados ámbitos puede significar más instalaciones y mayor complejidad técnica.

El debate recogido por El Mundo y otras informaciones sectoriales apunta precisamente hacia esa necesidad de profesionales de los oficios. En una jornada recogida por Unidad Editorial sobre la escasez de personal cualificado, expertos señalaron que electricistas, fontaneros y otros oficios técnicos se encuentran entre las ocupaciones con dificultades de cobertura en Europa. También se destacó la necesidad de mejorar la orientación educativa y conectar mejor la formación con las necesidades reales de las empresas.

 

Una oportunidad para el talento joven

Esta transformación tecnológica ofrece una oportunidad para cambiar la percepción tradicional de los oficios.

Ser instalador ya no significa únicamente realizar un trabajo manual. El profesional actual trabaja con electrificación, energías renovables, automatización, conectividad, eficiencia energética, climatización avanzada, movilidad eléctrica, digitalización y sistemas inteligentes.

La tecnología no sustituye necesariamente al instalador: puede convertirse en una herramienta para que trabaje mejor, con más información y mayor productividad.

Y existe otra cuestión fundamental: quién va a realizar todo ese trabajo. La falta de relevo generacional constituye uno de los principales desafíos del sector de las instalaciones. La escasez de profesionales cualificados está llevando incluso a inversores a fijarse en empresas de estos ámbitos, precisamente por el valor de disponer de trabajadores especializados.

El mensaje para los jóvenes es, por tanto, especialmente relevante: en un mundo cada vez más digital, también hacen falta personas capaces de hacer que las cosas funcionen en el mundo físico.

Electricidad, climatización, fontanería, refrigeración, automatización o energías renovables forman parte de las profesiones que permitirán electrificar, descarbonizar y digitalizar edificios, industrias y ciudades.

La IA puede cambiar muchas tareas. Pero, al menos por ahora, los edificios y las infraestructuras siguen necesitando personas que sepan instalarlos, mantenerlos y repararlos.