La vivienda se ha convertido en la preocupación número uno para los españoles, según revela el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Pero existen factores que pueden agravar aún más este problema de falta de vivienda: el 90% de los trabajadores del sector de la construcción, el que tiene que producirla, tiene más de 30 años, lo que, junto a la falta de mano de obra cualificada pueden ser un freno por el lado de la oferta.
Diversos análisis recientes coinciden en que la vivienda ha dejado de ser únicamente un bien de uso para convertirse en un activo financiero global, lo que ha contribuido al aumento de precios y a una creciente dificultad de acceso, especialmente en alquiler.
En este contexto, el sector de la construcción y las instalaciones se enfrenta a un doble reto: aumentar la oferta de vivienda y mejorar la calidad y eficiencia del parque existente.
Déficit de vivienda y de profesionales que están para jubilarse
En un contexto de demanda desbordada –que superó el mayor registro desde 2007 en transacciones en 2025-, se ha venido interviniendo el mercado, pero se ha dejado de lado los incentivos para el sector que materializa la oferta. Así, según estimaciones de CaixaBank Research, el déficit ya supera las 730.000 unidades.
Tal y como ha revelado recientemente la Plataforma Tecnológica Española de Construcción (PTEC) en la presentación del informe ‘Gestión del talento en el sector de la construcción y su relación con la I+D+i’, el 22% de la plantilla, mayores de 55 años, podrían jubilarse a lo largo de la próxima década, mientras que los reemplazos no se dan al mismo ritmo. El peso de la producción de vivienda, que recae en la industria de la construcción, se incrementa ante la falta mano de obra y su envejecimiento.

De los más de 1.550.000 ocupados actualmente en el sector, apenas el 10,8% tienen menos de 30 años, casi 170.000 personas, mientras que el 67,2% se sitúan entre los 30 a 54 años, lo que agrava el problema de relevo generacional en un sector que atraviesa una importante transformación tecnológica. “Este envejecimiento junto a la falta de trabajadores cualificados constituye una seria amenaza tanto para solucionar los problemas de vivienda”, indican desde PTEC.
Un sector que ahora emplea menos y que requiere transformarse
Por su parte, la Confederación Nacional de la Construcción, CNC, estima que harían falta unos 700.000 trabajadores en el sector, lo que hacen «prácticamente imposible» materializar las medidas para aumentar la oferta de obra nueva en España y hacer frente a la demanda.
Esto, en un sector que no ha llegado a recuperarse y que cuenta con menos músculo. En los años de la burbuja inmobiliaria, en concreto en 2006, el peso de los ocupados en esta actividad alcanzó un pico del 13,20% sobre el total del empleo. Ahora, según datos del Instituto Nacional de Estadística, INE, en su ‘Encuesta de población activa ‘en el año pasado apenas representó el 6,96% del total de empleo.
En este contexto de demanda de vivienda y de falta de mano de obra y relevo generacional, PTEC advierte de las consecuencias que se están empezando a dar, como la pérdida de calidad de las obras, el retraso de proyectos y la dificultad de la implantación de herramientas tecnológicas que ya están transformando la planificación, el diseño y la gestión de las infraestructuras.
El encarecimiento sostenido de la vivienda en España no solo está tensionando el acceso residencial, sino que está acelerando una transformación profunda en el sector de las instalaciones y la rehabilitación de edificios. La combinación de falta de oferta, presión inversora y envejecimiento del parque inmobiliario sitúa a los profesionales de las instalaciones en el centro de la solución.
Rehabilitación e instalaciones: ejes estratégicos de nuevas oportunidades
Más allá de la construcción de obra nueva, la rehabilitación energética, la renovación del parque obsoleto de viviendas, se consolida como una herramienta clave para responder a la crisis habitacional. La mejora de instalaciones térmicas, eléctricas y de energías renovables resulta fundamental para adaptar los edificios a las nuevas exigencias de eficiencia energética, confort y sostenibilidad.
El parque inmobiliario español, en gran parte envejecido, presenta importantes carencias en aislamiento, climatización y consumo energético. Esto abre una oportunidad directa para instaladores, mantenedores y empresas especializadas, que se posicionan como actores esenciales en la modernización de viviendas.
Además, la electrificación, el autoconsumo y la integración de tecnologías inteligentes están redefiniendo el concepto de vivienda, alineándolo con los objetivos de descarbonización y transición energética.
Impacto en el empleo: alta demanda de profesionales
La transformación del sector está generando una creciente demanda de perfiles técnicos cualificados. Instaladores eléctricos, especialistas en climatización, técnicos en energías renovables y expertos en domótica se perfilan como algunos de los perfiles más demandados en los próximos años.
Esta tendencia se ve reforzada por los planes públicos que impulsan tanto la construcción de vivienda asequible como la rehabilitación energética, lo que multiplica las oportunidades laborales en el ámbito de las instalaciones.
Un cambio estructural del modelo residencial
El modelo tradicional de vivienda está evolucionando hacia un enfoque más tecnológico, eficiente y sostenible. La presión del mercado, junto con las exigencias regulatorias y medioambientales, está obligando a repensar cómo se diseñan, construyen y mantienen los edificios.
En este nuevo escenario, el sector de las instalaciones deja de ser un elemento secundario para convertirse en un pilar estratégico del sistema residencial.
La crisis de la vivienda, lejos de ser solo un problema económico y social, está actuando como catalizador de cambio en el sector de las instalaciones. La rehabilitación energética, la innovación tecnológica y la necesidad de profesionales cualificados configuran un nuevo horizonte laboral en el que las instalaciones serán protagonistas.