En un mundo en constante transformación —marcado por la digitalización, la automatización y cambios demográficos profundos—, los gobiernos deben intensificar sus esfuerzos para asegurar que las personas cuenten con las habilidades necesarias para prosperar en los mercados laborales del siglo XXI, según destaca el reciente informe Perspectivas de la OCDE sobre competencias de 2025 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Desigualdades en el acceso a habilidades: un obstáculo para el desarrollo
El informe subraya que factores fuera del control individual —como la educación de los padres, el género, el origen socioeconómico o el lugar de residencia— siguen condicionando en gran medida quién desarrolla y utiliza habilidades clave y quién no. Estas desigualdades no solo limitan las oportunidades de empleo de las personas, sino que también frenan el crecimiento económico y la cohesión social.
La evidencia muestra que el acceso a oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida no está distribuido equitativamente: quienes más necesitan formación para adaptarse a las demandas cambiantes del mercado laboral a menudo son los que menos acceso tienen a ella. Esto genera brechas persistentes tanto en empleabilidad como en ingresos, ampliando la distancia entre quienes pueden aprovechar las nuevas oportunidades laborales y quienes quedan rezagados.
El aprendizaje permanente como respuesta clave
Ante estos desafíos, la OCDE hace hincapié en la importancia del aprendizaje permanente, es decir, de una formación continua que acompañe a las personas desde sus primeros años educativos hasta la adultez, adaptándose a los cambios tecnológicos, económicos y sociales.
Este enfoque incluye:
- Mejorar el acceso a la formación a lo largo de la vida, especialmente para adultos que necesitan actualizar o diversificar sus competencias.
- Fomentar la adquisición de habilidades clave del siglo XXI, como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la alfabetización digital y las habilidades socioemocionales.
- Reducir barreras para la participación en programas de capacitación, como costes, falta de tiempo o información insuficiente sobre ofertas formativas disponibles.
Estas acciones buscan no solo preparar a las personas para los trabajos existentes, sino también para los que aún están por surgir a medida que evolucionan las economías y las tecnologías.
Un llamamiento a políticas integrales y colaborativas
El informe invita a los gobiernos a adoptar políticas más ambiciosas y coordinadas —que impliquen educación, empleo y sectores productivos— para cerrar las brechas en habilidades y asegurar una transición justa hacia mercados laborales más dinámicos e inclusivos. Esto también implica:
- Fortalecer los sistemas de educación y formación profesional para que estén mejor alineados con las demandas reales de las empresas.
- Promover prácticas de contratación basadas en habilidades, que amplíen las oportunidades para colectivos tradicionalmente excluidos o con menor acceso a la educación formal.
Además, la OCDE destaca que la inversión estratégica en habilidades no solo beneficia a los individuos, sino que es fundamental para la productividad, la innovación y la resiliencia económica de los países.
Un esfuerzo colectivo para un futuro inclusivo
El mensaje central de la OCDE es claro: no basta con crear empleos, hay que preparar a las personas para ellos. Esto requiere políticas públicas efectivas, colaboración entre gobiernos, empleadores y sistemas educativos, y un compromiso firme con la igualdad de acceso al aprendizaje continuo. Solo así se podrá construir un mercado laboral más equitativo y dinámico, donde todas las personas tengan la oportunidad de contribuir y prosperar en un entorno en constante cambio.