Un reciente informe de la compañía de inteligencia artificial Anthropic cuestiona una de las ideas más extendidas sobre el futuro del empleo: que la automatización acabará sustituyendo de forma masiva a los trabajadores. Según sus conclusiones, los oficios manuales —especialmente aquellos ligados a las instalaciones, el mantenimiento o la agricultura— presentan una resistencia mucho mayor a la irrupción de la IA de lo que se pensaba.

El estudio introduce un matiz clave: la diferencia entre lo que la inteligencia artificial podría hacer en teoría y lo que realmente está haciendo en la práctica. Mientras que en entornos digitales la automatización avanza con rapidez, en trabajos físicos la capacidad real de sustitución sigue siendo muy limitada.

De hecho, profesiones como mecánicos, instaladores, técnicos de mantenimiento o agricultores figuran entre las menos expuestas. La razón es clara: requieren presencia física, manipulación de entornos reales y toma de decisiones en contextos cambiantes, capacidades que los sistemas actuales no pueden replicar con eficacia.

En el extremo opuesto, el informe señala que los empleos más vulnerables son los vinculados al trabajo de oficina y al manejo de datos. Programadores, analistas financieros o personal administrativo presentan altos niveles de exposición, ya que muchas de sus tareas pueden ser automatizadas con herramientas de IA ya disponibles.

Sin embargo, el impacto no se traduce, al menos por ahora, en una destrucción masiva de empleo. Más bien se observa una transformación progresiva del mercado laboral, con una reducción de oportunidades en ciertos perfiles y una creciente necesidad de adaptación.

Para el sector de las instalaciones, estas conclusiones refuerzan una tendencia clara: los oficios técnicos siguen siendo esenciales y difíciles de reemplazar. Lejos de desaparecer, podrían ganar protagonismo en un contexto donde la digitalización convive con la necesidad de intervención humana en el mundo físico.