El mercado laboral se encuentra en un momento convulso: marcado por la tecnología, la automatización y una gran competitividad. Para muchos jóvenes que forman parte de la denominada Generación Z —los nacidos entre finales de los 90 y principios de los 2000— esta realidad laboral a la que se están incorporando queda lejos de sus expectativas. Según el reciente informe ‘Claves laborales de la generación z. Visión a futuro y dinamismo’ de Randstad, un 35% admite arrepentirse del sector en el que empezó a trabajar y un 44% considera que su empleo actual está muy lejos de lo que soñó.
Eso alimenta una tendencia de cambio constante: la permanencia media en un empleo durante los primeros años raramente supera los 12-14 meses. Un reflejo de una generación que espera mucho —un trabajo con propósito, flexibilidad, oportunidades reales de desarrollo— pero que se enfrenta a un mercado saturado, convulso y rígido.
Además, muchos de estos jóvenes no eligieron su profesión por vocación. En casi la mitad de los casos (49%), la decisión vino marcada por la disponibilidad de empleo en su momento de salida al mercado laboral.
En la búsqueda de empleo, también hay diferencias respecto a otros países: solo un 51% recurre a contactos personales o ‘networking’ (frente al 55% global), y un 44% utiliza regularmente portales de empleo online (frente al 54% global).
Lo que parece claro es que la Generación Z en España busca más que un trabajo —busca un proyecto con sentido, flexibilidad, estabilidad y condiciones humanas—, lo que choca en muchos casos con las realidades del mercado.
Ese desencanto, sin embargo, no necesariamente es una rendición: puede ser el motor de una demanda de cambio. Empresas y organizaciones tendrán que adaptarse si quieren retener este talento joven.