El absentismo laboral en el sector de la construcción se ha convertido en una crisis silenciosa. Así lo advirtió el pasado 16 de junio, Pedro Fernández Alén, presidente de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), durante su intervención en una jornada celebrada en la sede de la CEOE, donde presentó datos que apuntan a un deterioro sostenido: en la última década, las horas no trabajadas por asalariado casi se han duplicado, hasta rozar las 113 anuales, el equivalente a 14 jornadas completas de ocho horas perdidas por trabajador cada año.
La tasa de absentismo en el sector escala ya al 6,2%, con un coste económico que supera los 3.500 millones de euros, casi el triple que en 2018. Una cifra que equivale al 1,7% de las ventas del sector y que, según Fernández Alén, supone una carga superior incluso a la que representa el Impuesto sobre Sociedades para las empresas del ramo. Desde ese año, además, el número de horas no trabajadas pero sí retribuidas aumentó un 23%, mientras que las horas efectivamente trabajadas retrocedieron un 1,5%.
Una propuesta para redistribuir el coste de las bajas
Para aliviar el impacto sobre las empresas, el presidente de la CNC lanzó una propuesta concreta: que el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) asuma la cotización de la parte empresarial durante los procesos de Incapacidad Temporal (IT). La medida, según Fernández Alén, no afectaría ni a los ingresos ni a las bases de cotización de los trabajadores en situación de baja, pero serviría para trasladar parte del coste al Estado y, al mismo tiempo, incentivar a las administraciones públicas a realizar un seguimiento más riguroso y eficaz de las bajas laborales.
La idiosincrasia de la obra agrava el problema
Aunque los niveles de absentismo en la construcción son, en términos generales, algo más bajos que en otros sectores de actividad, Fernández Alén alertó de que sus efectos resultan especialmente dañinos por la naturaleza específica del trabajo en obra. La dependencia entre equipos, la interdependencia de tareas y la alta especialización de determinados perfiles hacen que la ausencia de un solo empleado pueda comprometer el desarrollo de varias fases simultáneas, generando retrasos en cadena e incrementos de costes difíciles de absorber.
Esta realidad, subrayó el presidente de la patronal, convierte el absentismo en uno de los principales retos estratégicos del sector en la actualidad.
Un Pacto de Estado con todos los agentes implicados
Fernández Alén abogó por abordar el problema desde una perspectiva integral. A su juicio, las consecuencias del absentismo trascienden el ámbito puramente empresarial: repercuten en las cuentas públicas, en el sistema sanitario y en los propios trabajadores que cumplen con sus obligaciones laborales con normalidad. Por ello, reclamó la articulación de un Pacto de Estado que reúna a todos los agentes involucrados —empresas, sindicatos y administraciones— para diseñar medidas eficaces y sostenibles.
Factores estructurales y coyunturales
En cuanto a las causas del incremento registrado, Fernández Alén apuntó a una combinación de elementos tanto estructurales como coyunturales. Entre los más relevantes figuran la relación positiva del absentismo con el ciclo económico, el aumento de las listas de espera quirúrgicas, la mayor demora en el acceso a especialistas, el progresivo envejecimiento de la población ocupada y la ampliación del catálogo de permisos legales y nuevos derechos laborales que, sin una gestión adecuada por parte de las empresas, inciden directamente en la organización del trabajo.