UNESCO, Naciones Unidas, PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y Foro Económico Mundial coinciden en situar las competencias juveniles en el centro de la transformación económica y social con motivo del Día Mundial de las Habilidades de la Juventud.

El 15 de julio, el Día Mundial de las Habilidades de la Juventud ha vuelto a poner el foco en una cuestión que adquiere una importancia creciente: cómo preparar a las nuevas generaciones para un mercado laboral marcado por la transformación tecnológica, la transición energética y los cambios demográficos.

La celebración de 2026 ha reforzado este mensaje. Bajo el lema “Skills for a Shared Future” (Habilidades para un futuro compartido), la UNESCO reunió en Nueva York a jóvenes, gobiernos, empresas, trabajadores, organizaciones de la sociedad civil y representantes de Naciones Unidas para analizar qué competencias necesitan las nuevas generaciones para participar y liderar los cambios que están transformando la sociedad.

El planteamiento de la UNESCO va más allá de la adquisición de conocimientos técnicos. La organización reclama combinar las competencias digitales y la alfabetización en inteligencia artificial con pensamiento crítico, creatividad, capacidad de adaptación, empatía, comunicación y competencias socioemocionales. También destaca la importancia de reforzar el aprendizaje básico, la formación técnica y profesional y el aprendizaje permanente.

 

La formación, una inversión estratégica

El mensaje de Naciones Unidas resulta especialmente contundente. En el marco del Día Mundial de las Habilidades de la Juventud, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha señalado que liberar todo el potencial de las generaciones jóvenes requiere una “masiva inversión” en educación y formación inclusivas y de calidad.

Para Naciones Unidas, cerrar la brecha de competencias no es únicamente una cuestión educativa. Es también una vía para crear empleo digno, mejorar los medios de vida y construir sociedades más inclusivas, resilientes y sostenibles.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) aporta ejemplos concretos de este enfoque, combinando formación técnica, mentoría, experiencia práctica, investigación y participación de los jóvenes en proyectos vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su conclusión es clara: las habilidades del futuro no se limitan a los conocimientos técnicos, sino que incorporan también pensamiento crítico, innovación, colaboración y alfabetización científica.

 

De las habilidades a las oportunidades

El debate internacional también introduce un matiz importante: formar a los jóvenes es imprescindible, pero no suficiente.

El Foro Económico Mundial advierte de que el camino entre adquirir competencias y acceder a una oportunidad laboral sostenible necesita otros elementos: financiación, orientación, mentoría, experiencia práctica, acceso al mercado y un entorno económico que permita convertir las capacidades adquiridas en empleo o actividad empresarial. Ver más información.

 

Un reto especialmente relevante para las instalaciones

Esta reflexión internacional conecta directamente con uno de los principales desafíos del sector de las instalaciones: el relevo generacional y la incorporación de nuevo talento.

Electricidad, climatización, fontanería, refrigeración, automatización, mantenimiento, energías renovables o gestión energética son actividades que están adquiriendo una importancia creciente a medida que avanza la descarbonización, la electrificación y la digitalización de edificios e infraestructuras.

Al mismo tiempo, estas transformaciones están modificando el propio perfil del instalador. El profesional del futuro necesitará combinar el dominio de su oficio con competencias digitales, capacidad para trabajar con nuevas tecnologías, interpretación de datos, eficiencia energética, automatización y aprendizaje continuo.

Por ello, la Formación Profesional y la formación técnica especializada deben ocupar un lugar estratégico en las políticas de talento. No se trata únicamente de cubrir vacantes actuales, sino de preparar a los profesionales capaces de hacer posible la transformación energética y tecnológica de los próximos años.

 

Invertir en jóvenes es invertir en el futuro

El Día Mundial de las Habilidades de la Juventud deja así un mensaje que trasciende la propia efeméride: la formación de los jóvenes debe entenderse como una inversión estratégica y no como un gasto.

UNESCO reclama sistemas educativos y formativos más inclusivos, resilientes y conectados con las transformaciones tecnológicas y climáticas. Naciones Unidas subraya la necesidad de incrementar la inversión en educación y formación de calidad. Y el Foro Económico Mundial insiste en que las competencias deben ir acompañadas de las condiciones necesarias para convertirlas en oportunidades reales.

Para el sector de las instalaciones, este enfoque supone una oportunidad y, al mismo tiempo, una responsabilidad. Atraer a los jóvenes, mejorar la percepción social de las profesiones técnicas, reforzar la orientación, impulsar la FP y conectar los centros educativos con las empresas son inversiones imprescindibles para garantizar el talento que necesitará la economía.

Porque la transición energética y digital no se hará únicamente con nuevas tecnologías. Necesitará también a las personas capaces de diseñarlas, instalarlas, mantenerlas y hacerlas funcionar. Y esos profesionales se están formando hoy.