La falta de profesionales y la necesidad de relevo generacional están abriendo nuevas oportunidades laborales para las mujeres en el sector de las instalaciones. Un ejemplo es la iniciativa puesta en marcha por FEMEVAL y Cruz Roja, que ha iniciado la formación de 15 mujeres como operarias de instalaciones eléctricas en el Centro de Formación de FEMEVAL en Alaquàs (Valencia).

El programa, impulsado por Cruz Roja dentro de su iniciativa “Puentes por la igualdad en el empleo PLUS”, busca mejorar la empleabilidad de mujeres en situación de vulnerabilidad mediante la adquisición de nuevas competencias profesionales. La formación está cofinanciada por el Fondo Social Europeo Plus.

La iniciativa responde también a una realidad del mercado laboral: las empresas necesitan incorporar profesionales cualificados y las instalaciones eléctricas continúan siendo una actividad con una presencia femenina minoritaria. Según FEMEVAL, en la provincia de Valencia hay cerca de 2.000 puestos de electricista sin cubrir, una cifra que alcanza los 5.000 profesionales si se incorporan otras especialidades de instalaciones como fotovoltaica, fontanería, climatización o protección contra incendios.

El curso tiene una duración de 70 horas, 50 de formación técnica en electricidad y 20 de prevención de riesgos laborales. Tras superar la evaluación, las participantes obtendrán un diploma de aprovechamiento y existe la posibilidad de realizar prácticas en empresas asociadas a FEMEVAL.

 

Más talento para las instalaciones

La experiencia valenciana pone de relieve una de las vías para afrontar el déficit de profesionales que afecta a las instalaciones: ampliar la base de talento e incorporar perfiles que tradicionalmente no han tenido una presencia significativa en estos oficios.

Electricidad, climatización, fontanería, mantenimiento o energías renovables ofrecen oportunidades profesionales vinculadas a necesidades que seguirán creciendo con la electrificación, la eficiencia energética y la transición hacia edificios más sostenibles.

Además, se trata de actividades en las que la tecnología y la inteligencia artificial pueden transformar procesos y facilitar el trabajo, pero en las que continúan siendo necesarias personas con conocimientos técnicos, capacidad práctica y habilidades para intervenir directamente sobre las instalaciones.

Acercar estos oficios a las mujeres supone, por tanto, una doble oportunidad: contribuir a reducir la brecha de género existente en las profesiones técnicas y, al mismo tiempo, incorporar nuevo talento a sectores que necesitan garantizar su futuro laboral y su relevo generacional.