El cortometraje ‘El Quijote de Alella’, proyectado el 19 de mayo en la Fundación Arquia de Madrid y en el marco del ciclo Arquitectura en Corto, volvió a poner sobre la mesa un debate urgente para el sector de la construcción: el valor de los oficios, el conocimiento manual y la transmisión de saberes en una industria cada vez más industrializada y tecnificada.

La sesión, reunió a arquitectos, constructores, fabricantes y representantes del ámbito formativo para reivindicar la dimensión cultural y humana de la construcción.

El protagonista del documental es Ramón Guarda i Parera, maestro albañil de 82 años y divulgador inesperado en redes sociales, donde acumula más de 165.000 seguidores en YouTube y donde comparte sus conocimientos sobre la técnica constructiva de la bóveda o “volta catalana”. Su historia funciona como símbolo de una generación de profesionales que aprendieron el oficio desde las manos, la observación y la experiencia directa en obra. Pero también como ejemplo de cómo ese conocimiento puede hoy compartirse y conectar con las nuevas generaciones.

La directora de la Fundación Arquia, Sol Candela, subrayó en la presentación que iniciativas como Arquitectura en Corto nacen con la intención de “hacer divertida y cercana la arquitectura”, acercando al público historias inspiradoras y poniendo en valor “cómo se hace y cómo se cuenta” la arquitectura y la construcción. Una reflexión especialmente pertinente en un momento en el que el sector afronta una creciente falta de relevo generacional en numerosos oficios técnicos y manuales.

La mesa, moderada por Andrea Sassi (Antonomasia), reunió también a los arquitectos Anna y Eugeni Bach, al especialista en bóvedas Julio Jesús Palomino y al arquitecto que ha dirigido el cortometraje,  Matías Müller. Todos coincidieron en señalar que la construcción no puede desligarse de la inteligencia manual ni de la transmisión directa del conocimiento.

Matías Müller destacó precisamente la actitud de Ramón Guarda como maestro abierto: alguien que “regala los trucos a quien quiera recogerlos”, que enseña, comparte y recibe en su jardín a cualquiera interesado en aprender. Una visión del oficio basada en el afecto al trabajo manual y en la convicción de que nunca se deja de aprender.

Durante el debate, Anna Bach explicó algunas de las investigaciones desarrolladas para la Bienal de Venecia en torno a técnicas constructivas vinculadas a la tierra y a materiales locales. El objetivo: conservar y adaptar antiguos oficios y conocimientos para proyectarlos hacia el futuro. “Guardar el saber y divulgarlo” fue una de las ideas recurrentes de su intervención, reivindicando la experimentación, incluso con el riesgo que conlleva, frente a una industria excesivamente cómoda con soluciones estandarizadas.

En la misma línea, Eugeni Bach defendió que en los últimos cien años “se ha cambiado técnica por tecnología”, cuando el verdadero futuro pasa por unir ambos conceptos. Para el arquitecto, las manos contienen conocimiento y experiencia acumulada, y la imperfección propia del trabajo artesanal permite adaptar, corregir y humanizar la arquitectura.

Uno de los momentos más reveladores del coloquio llegó con la intervención de Julio Jesús Palomino, fundador de Taller de Bóvedas y especialista en técnicas tradicionales de bóveda tabicada. Palomino lamentó la desaparición progresiva de los “bovederos” y recordó que muchos sistemas constructivos tradicionales siguen ofreciendo soluciones válidas y eficientes. “Un ladrillo ha perdido valor”, afirmó, pese a tratarse de un sistema extremadamente depurado desde el punto de vista técnico y energético.

El arquitecto defendió además que el esfuerzo humano incorporado a una obra debería medirse y valorarse más, porque trabajar con las manos aporta una dimensión humana irremplazable a la construcción. Frente a una industrialización creciente, insistió en que la rehabilitación y la recuperación patrimonial necesitarán cada vez más profesionales capaces de dominar técnicas manuales especializadas.

 

Preocupación por el relevo generacional y reivindicar los oficios

La preocupación por el relevo generacional apareció de forma constante durante el encuentro. Desde la Fundación Arquia se recordó el trabajo realizado mediante becas y programas formativos vinculados a técnicas manuales en pequeños municipios. Y desde Technal se puso el foco en la necesidad de impulsar nuevas generaciones de instaladores y talleres especializados, en éste caso en el ámbito como de la ventana y el cerramiento, donde la componente artesanal sigue siendo decisiva.

Una conclusión que se deriva de las intervenciones de los participantes: recuperar los oficios no significa mirar al pasado con nostalgia, sino construir un futuro más sostenible, humano y resiliente. Un futuro donde la tecnología y la industrialización convivan con el saber hacer manual, la cultura material y el orgullo del trabajo bien hecho.

Como recordó Eugeni Bach citando a Stravinsky durante el debate: “Todo lo que no es tradición, es plagio”. Una frase que resume el espíritu de una jornada dedicada a reivindicar que la innovación en construcción también pasa por conservar, actualizar y transmitir los oficios que levantaron nuestros pueblos y ciudades.