La educación tiene un papel decisivo ante el cambio climático: no solo debe transmitir conocimientos, sino preparar a niños y jóvenes para desenvolverse en un mundo condicionado por la transición energética y ambiental.
El análisis publicado por Newsroom el pasado 26 de agosto, bajo el significativo título What is education for, if not preparing children for climate change?, plantea precisamente esta cuestión y defiende que la educación debe preparar a las nuevas generaciones para comprender y afrontar los desafíos climáticos.
En paralelo, Times Higher Education acaba de actualizar su iniciativa A greener future for higher education, que reclama integrar la sostenibilidad en los planes de estudio y promover una formación interdisciplinar capaz de desarrollar una nueva generación de líderes ambientales.
Esta visión coincide con estudios recientes que apuntan hacia una educación basada en competencias de sostenibilidad, capaz de conectar conocimiento y acción, y que destaca capacidades como el pensamiento sistémico, la anticipación y la planificación. UNESCO también identifica estas competencias como elementos esenciales de la educación climática.
Para sectores como las instalaciones, el reto es especialmente relevante. Electrificación, renovables, eficiencia energética, climatización sostenible y digitalización requieren nuevos perfiles profesionales.
Preparar para el cambio climático significa también preparar para los empleos de la transición verde. La educación y la formación profesional son, por tanto, una pieza estratégica para convertir el desafío climático en una oportunidad de talento, innovación y empleo.